viernes, 28 de enero de 2011

TÁNTALO

Tántalo, hijo de Zeus, reinaba en Sípilo, Lidia, y era muy rico y famoso. Si jamás los dioses olímpicos habían honrado a un mortal, éste era Tántalo. En consideración a su elevada alcurnia le distinguieron con su íntima amistad y, le permitieron comer a la mesa de Zeus y escuchar cuanto los inmortales hablaban entre sí. Pero su espíritu humano, lleno de vanidad, no supo mantenerse a la altura de aquella felicidad sobrehumana y comenzó a faltar a los dioses de my diversas maneras. Revelaba a  los mortales los secretos de los olímpicos; robaba de su mesa néctar y ambrosía y repartía el producto de su latrocinio con sus compañeros terrenales; escondió el perro de oro que otro sustrajera del templo de Zeus, y al reclamarlo el dios, negó bajo juramento haberlo recibido. Así, invitó a los dioses a un banquete, y mandó sacrificar a su propio hijo Pélope para servirlo a la mesa. Sólo Démeter, comió una paletilla del horrible manjar, mientras los demás dioses, lo echaron en un caldero los miembros descuartizados del muchacho. La parca Cloto le devolvió la vida. El omoplato se reemplazó por uno de marfil.
Así, los dioses echaron a Tántalo al Hades, donde fue sometido a un cruel castigo. Estaba en un estanque caya agua le llegaba a la barbilla, y cuando tenía sed, el agua bajaba sin poder alcanzarla. Y cuando tenía hambre, había un frutal, cuyas ramas llegaban a su cabeza, cuando se alzaba a comerlas, las ramas se alzaban y no podía alcanzarlas. Con este castigo estuvo hasta la muerte ya que una roca muy grande le amenazaba con caerse encima de él si se movía. Esto fue un castigo eterno.

viernes, 21 de enero de 2011

ORFEO Y EURIDICE

Ofeo, hijo de Apolo y nieto de Zeus, poseía el don de la música, y con este amansaba a todas las criaturas de la naturaleza.
Se enamoro de Eurídice, una ninfa y se casó con ella.
Un día una serpiente venenosa mordió a  Eurídice, en su intento de escapar con Aristeo, el hijo de Apolo, que intentaba poseerla; así pues dejando escapar un grito de su garganta cayó herida de muerte.
Orfeo intentó ayudarla, pero fue imposible ya que Eurídice murió en sus brazos.
Orfeo no pudiendo soportar el dolor, decidió bajar al Averno para recuperar a su amada.
Acompañado por el barquero Caronte, atravesó la laguna Estigia y llegó a la morada de los muertos.
Allí se encontró a las Furias y al perro Cancerbero de tres cabezas que custodiaba el palacio de Hades y Perséfone.

Se postró a los pies de estos y tomando la lira comenzó a cantar una hermosa canción sobre la pérdida de su amada.
Todos empezaron a llorar y se apiadaron de él.
Hades autorizó a Eurídice a regresar con Orfeo al mundo de los vivos, pero con la condición de que este no girase la cabeza para mirarla hasta que no salieran de allí.
Orfeo aceptó y cuando ya estaban a punto de salir, al ver una luz, Orfeo la miró, y Eurídice desapareció.
Su amado intentó buscarla pero no la encontró.

jueves, 13 de enero de 2011

EL REINO DEL HADES

Para los griegos, los Infiernos no eran el lugar donde moraban aquellos que habían merecido un castigo para toda la eternidad, sino el lugar donde residían todos los muertos. Ahora bien, no todos iban a lo que era, digamos, el Infierno propiamente dicho, mientras que las almas nobles disfrutaban de los placeres de los Campos Elíseos, una especie de paraíso de verdor, con flores y frutos.
En este reino se encontraba también el Tártaro, tenebroso lugar donde habían sido encerrados…los  Cíclopes…

Sobre este reino gobernaba Hades, hermano de Zeus.
Para llegar hasta los Infiernos era necesario atravesar un brazo de la laguna Estigia que en ese lugar formaba un río cuando los muertos llegaban allí, eran recogidos por un barquero, Caronte, que les cruzaba hasta la orilla cobrándoles una moneda de oro. Por eso los griegos y los romanos enterraban a sus muertos con una moneda dentro de la boca, que les serviría para pagar el pasaje.
Después de cruzar el río, aparecía la puerta del Hades. Se trataba de un portón custodiado por un terrible guardián: el Can Cerbero.
Una vez dentro, el recién llegado era juzgado por un tribunal de tres jueces. Cerca del Tártaro solían vagar las Furias, terribles seres encargados de hacer cumplir los castigos de los condenados.
También se hallaban aquí las Parcas, tres hermanas cuyo trabajo era en un rueca, ya que se encargaban de manejar los hilos del destino de los hombres, cortándolos cuando llegaba su hora.

EL JUICIO DE PARIS


EL rey Peleo y Tetis se iban a casa, pero no quisieron invitar a Eris, la diosa de la discordia. Cuando se enteró, urdió un plan para fastidiar la fiesta.
Esperó, y cuando la boda estaba bastante avanzada, tiró una manzana de oro en la que ponía “para las más bella”. Hera, Atenea y Afrodita saltaron para coger el regalo, y ninguna de ellas deseaba abandonar y admitir la mediocridad. Así, le pidieron ayuda a Zeus para resolver el asunto, pero éste decidió permanecer como observador.
Zeus  encargó a Hermes que guiase a las diosas ante Paris para que éste decidiera. Paris era un joven príncipe de Troya que fue criado por un pastor porque se expuso a la muerte en las laderas del monte Ida, a causa de una profecía que aseguraba que el siguiente niño de sangre real que naciera sería el origen de la caída de Troya, sin embargo no murió sin que lo supiera su verdadero padre.
Cada diosa le ofreció a Paris una cosa para que la eligiera. Hera le ofreció el gobierno de toda Asia; Atenea le aseguró la victoria de todos los combates y Afrodita le ofreció el amor de Helena una joven muy hermosa, casada con Menelao, rey de Esparta.
Aunque Paris estaba comprometido con Enone, le dio la manzana  a Afrodita para estar con Helena.
Después del juicio, Paris regresó a Troya al honor del hijo de Príamo(el propio Paris),  y reveló su verdadera identidad y fue aceptado. Poco después Paris fue a Esparta, donde él y Helena se enamoraron y volvieron juntos a Troya.
Esta relación provoco la GUERRA DE TROYA.